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“Todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”, es lo que la Organización Mundial de la Salud define como violencia sexual.

En España, cerca de la mitad de las mujeres, el 44 % de una muestra de 9568, ha sufrido algún tipo de violencia sexual, según el estudio realizado por investigadoras del CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

El Balance de Criminalidad, correspondiente al tercer trimestre del año 2022 indica en lo que se refiere a los delitos contra la libertad sexual que, «su incremento continúa en una tendencia de fuerte aumento iniciada, sobre todo, a partir del año 2014». Comparando con las cifras del año 2019 (10.343 casos registrados), en los nueve primeros meses de 2022 se han registrado un total de 13.455 casos, lo que representa un incremento del 30.1%.

En Extremadura la tendencia es igual. Los delitos contra la libertad e indemnidad sexual, durante los primeros meses de 2022 alcanzaron un total de 229 es decir que, se incrementaron en un 39.6% en comparación con el año 2021 cuando se registraron 164 casos.

LA CULTURA DE LA VIOLACIÓN

Sin embargo, dada la magnitud del delito, los datos aun son subestimaciones. Hay muchas razones que explican por qué las mujeres no denuncian la violencia sexual: sistemas de apoyo inadecuados; vergüenza; temor o riesgo de represalias; temor o riesgo de ser culpadas; temor o riesgo de que no les crean; y temor o riesgo de ser tratadas mal o ser socialmente marginadas.

Razones que se sostienen en “un sistema que tolera, acepta y reproduce la violencia sexista a través de narrativas que encontramos no sólo en la publicidad, el cine y la literatura, sino también en los aparatos del Estado, el sistema judicial, los medios de comunicación, la sanidad, la educación y, por supuesto, la familia, la pareja o las personas que conforman nuestro círculo más cercano”, según la filosofa Raquel Miralles, en su texto Cultura de la violación: una cuestión política.

Esta cultura de la violación agrupa a todos los estereotipos y conductas aprendidas en las que el hombre tiene una posición de superioridad sobre la mujer y se normaliza e, incluso, se banalizan las agresiones sexuales.  Y es esa “cultura” responsable “de la interiorización de los mandatos de género”.

Es así que en esta lógica, es la víctima mujer la que tiene que protegerse del hombre violador, cuya acción (violar) parece irremediable. Por eso no es de extrañarnos que la violencia sexual se justifique con argumentos que van desde la ropa que viste una mujer, como habla, baila, si ingiere licor, si sale a la calle y peor de noche e incluso se llegue a disculpar al agresor por su historial familiar.

La portada del tríptico informativo del proyecto Medusa.

MALVALUNA PROPONE UN TRINOMIO PERFECTO 

Esta realidad que se desarrolla en una sociedad patriarcal urge de acciones concretas para prevenir la violencia sexual en la vida de niñas y mujeres. Malvaluna propone un modelo de intervención que vincule tres ejes: información, prevención y formación.

Y sobre esta línea de trabajo hemos desarrollado el proyecto ‘Medusa: prevención y formación contra la violencia sexual‘ que contempla la realización de mesas informativas en Badajoz, Mérida y Cáceres tanto en lugares públicos concurridos, así como universidades e institutos; campaña de sensibilización en redes sociales; y el desarrollo de dos proceso formativos uno online denominado Violencia Sexual contra las mujeres que consta de 10 horas y un segundo que se trata de una convivencia formativa de fin de semana con talleres específicos sobre violencias sexuales para mujeres jóvenes.

«Este proyecto se ejecuta en coherencia con el trabajo que durante más de 30 años, Malvaluna ha realizado en Extremadura en la lucha contra la violencia machista. La realidad que afrontamos nos demanda acciones coherentes y constantes en lucha contra la cultura de la violación que pone en riesgo a niñas y mujeres», explica Mar Sánchez, Técnica de igualdad de Malvaluna.

Este proyecto es financiado por la Consejería de Igualdad y Cooperación para el Desarrollo de la Junta de Extremadura mediante los fondos del Pacto de Estado.


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ESPACIO PUBLICITARIO de MALVALUNA
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