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  • En Extremadura y Marruecos se reconocen, organizan y promueven espacios de empoderamiento colectivo.

Mientras el mundo resistía los estragos de la pandemia del coronavirus, las mujeres migrantes en Extremadura se acuerpaban, creaban lazos y redes frente a diferentes violencias vinculadas, principalmente, al trabajo esencial que desarrollaban en el sector de los cuidados.

Dos años más tarde, cuando el infortunio parecía terminar, se estaban consolidando en lo que nombraron como: Movimiento de Mujeres Migrantes de Extremadura una asociación impulsada por mujeres que se reconocieron en una nueva realidad frente a sus procesos migratorios.

“Una de las buenas cosas que -entre comillas- saco de la pandemia es que surja esta organización. El vernos en unos talleres, ver que teníamos las mismas inquietudes, nos hemos organizados con otras mujeres. Tenemos un grupo de aliadas con 220 mujeres de todas partes del mundo”, comenta Pamela Justiniano del Movimiento de Mujeres Migrantes de Extremadura.

“Inquietudes” en torno a la defensa de sus derechos frente al discurso de odio y las violencias que en medio de la pandemia del coronavirus se extremaron contra las personas migrantes y supuso una degradación de las condiciones laborales, sociales, económicas y anímicas de las mujeres trabajadoras migrantes.

Aunado a la necesidad de reivindicar su derecho a la migración; como expresa otra de sus integrantes, Yuri Sequeira que además, no oculta en su rostro la molestia que le causa escuchar que la llamen “forastera”, y que esto suponga “algún tipo de desprecio a su condición de migrante” cuando solo está “ejerciendo su derecho”.

“A nosotras nos interesa estar organizadas porque para enfrentar, ciertas situaciones que vivimos por el hecho de ser migrantes, tenemos que organizarnos porque si no no vamos a encontrar el camino. Y es eso, apoyarnos porque eso es para mí organizarnos: es apoyarnos”, explica Sequeira.

SUJETAS DE DERECHOS

A 800 kilómetros de distancia, en Rabat un grupo de mujeres se reúnen para conocerse, socializar sus realidades, aprender de sus derechos, y por qué no, también preparar gustosos alimentos propios de su cultura gastronómica.

Son parte del proyecto: “Mujeres migrantes en Marruecos: defensoras de sus derechos humanos para una vida sostenible y libre de violencia”, financiado por la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AEXCID), Alianza por la Solidaridad (Alianza), Asociación de Mujeres Malvaluna y la asociación Amal Chabab Takadoum (Amal).

Han puesto en marcha una Escuela de mujeres y derechos humanos que en voz de las protagonistas ha dejado grandes impactos no solo a nivel personal sino también familiar y como migrantes han logrado reconocerse en igualdad de derechos y luchas frente a situaciones de vulneración.

“La aportación más importante es tener conciencia de que como mujeres subsahariana que vivimos en Marruecos, tenemos derechos y nos reconocemos como mujeres con derechos. Y más allá del origen de que seamos congolesas, camerunesas o marfileñas tenemos los mismos derechos que las mujeres marroquíes”, explica Nadine Manteza Bazunaku con siete años de vivir en Marruecos.

Este intercambio entre mujeres migrantes y marroquíes supuso un acercamiento sororo, un derrumbe en los estereotipos sociales que se han construido en torno al origen de cada población y la generación de un espacio de empoderamiento colectivo para mujeres que aun viviendo en el mismo territorio no se habían logrado encontrar.

“Al principio como no conocemos el país entonces teníamos poca relación con las mujeres marroquíes, pero con la formación hemos estado unidas y en equilibrio como parte de algo más grande que nuestra propia nacionalidad”, agrega Nadine.

No cabe duda en su planteamiento cuando escuchamos las palabras de Hakima Mimmi que manifiesta que su percepción sobre las mujeres subsaharianas ha cambiado desde el desarrollo de los procesos formativos al punto de comprender “la necesidad de aprender otras lenguas que no sean barreras en sus comunicaciones”.

“Tenemos una conciencia clara de la doble violencia que están viviendo estas mujeres más allá de la violencia que nosotras sentimos como mujeres marroquíes en nuestro sistema social. En especial de personas que tienen una mirada corta que las crítica y ofende por su aspecto o color de piel. Y nosotras ahora tenemos una mayor sensibilidad sobre esta doble violencia que viven como migrantes”, dice.

LA NECESIDAD DE CREAR REDES

En palabras de Oussama Chakkor, responsable de Alianza por la Solidaridad en Marruecos, el proyecto ha alcanzado el objetivo de “capacitar en la autonomía” a las mujeres frente a problemas estructurales que amenazan sus proyectos de vida y sus derechos humanos frente a las políticas migratorias.

“El proyecto no viene a dar respuestas sino a enseñar caminos… es un proyecto de desarrollo no de caridad. Te enseño el camino y tu tienes que seguir el camino…porque las necesidades se van multiplicando, la violencia se multiplica de una mujer marroquíes a una migrante”,  dice, que a su vez resalta la creación de espacios de “sororidad entre mujeres marroquíes y migrantes”.

Tanto en Extremadura como en Marruecos, las mujeres se enfrentan a una problemática propia de sus procesos migratorios: acceder a una documentación que regularice su situación y que les permita gozar de derechos humanos básicos como un empleo, salud, vivienda, entre otros.

“Lo que vemos es que coincidimos que da igual que seas de España, México, Marruecos como las necesidades de las mujeres (migrantes) son todas las mismas, da igual donde vayas y de qué parte seas del mundo”, reclama Pamela Justiniano desde Extremadura donde reconoce la necesidad de crear redes entre mujeres.

“Estamos tratando de crear redes con todas partes del mundo que nos dejen, que quieran para poder unir fuerzas y trabajar en conjunto y ver que estamos presentes, queremos liderar, hacer política, queremos estar aquí, por eso intentamos organizarnos con otras asociaciones de distintas partes y esperamos que pronto esos lazos y ese trenzar se vaya extendiendo a otras organizaciones de otras partes del mundo”, puntualiza.

 

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