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Hasta la aprobación de la interrupción voluntaria del embarazo en Argentina se contabilizaban tres mil mujeres muertas por abortos inseguros desde 1983; y entre 300 mil y 500 mil abortos clandestinos por año. 

Más de un año ha transcurrido desde que Argentina aprobó la Ley de interrupción voluntaria del embarazo. A este logro le precede una larga lucha del movimiento organizado de mujeres que, involucró a diferentes sectores de la sociedad, y que ahora constituye un referente para otros países de América Latina que “están siendo arrastrados por la marea verde”.

Para conocer qué ha significado para los cuerpos y las vidas de las mujeres, desde la campaña “Luchando juntas por nuestros derechos” del Proyecto «Juntas por la construcción y transformación de una cooperación feminista» de la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional al Desarrollo (AEXCID), implementada por la agrupación, Feministas Cooperando y liderada por la Asociación de Mujeres Malvaluna, entrevistamos a la periodista feminista, Laura Salomé Canteros, integrante de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, una trinchera importante a la hora de comunicar, sensibilizar, informar e incidir en esta demanda de justicia reproductiva para las mujeres argentinas.

¿Cuál era la situación que se vivía en Argentina previo a la aprobación de la Ley?

Laura: Primero decir que, nosotras sostenemos que el aborto legal es una deuda de la democracia porque en nuestra región las dictaduras son contextos en los que se retrocede en derechos. Nosotras contamos desde el comienzo de la democracia en 1983; tres mil mujeres muertas por abortos inseguros, 37 muertes anuales y la inseguridad de 300 y 500 mil abortos clandestinos al año.

Nos interesaba tener una ley porque había falta de acceso en los territorios a las interrupciones por causales, que eran legal desde 1921, por eso hablamos de la desigualdad territorial. No es lo mismo abortar en Buenos Aires que en una zona rural o de montaña y nos interesaba muchísimo poner el énfasis que se cumpla lo que estaba despenalizado.

Y que también había presas por abortar. Hubo una historia: la de Belén que estuvo dos años presa tras una emergencia obstétrica, algo muy similar a lo que ocurre en El Salvador. Una punición discriminatoria que perseguía y criminalizaba a las más jóvenes y empobrecidas que eran las que terminaban en la cárcel y cargaban con una condena social.

¿Qué efectos inmediatos ha tenido la aprobación de la interrupción del embarazo voluntario?

Laura: Lo primero que podemos ver en los primeros tres meses de implementación es que se garantizaron la misma cantidad de abortos de 2020. Que, las y los profesionales de salud, que ya realizaban interrupciones de embarazo, se transformaron en una consulta obligada para el resto de los profesionales.

También se trabajó de forma coordinada con el Ministerio de Salud en fortalecer la resolución sanitaria, en que exista un protocolo de actuación de atención; en remover algunas barreras; en capacitar al personal de salud y proveer de insumos. Está faltando también acceso a la información pública y propaganda estatal para que las mujeres sepan que pueden acceder a un aborto libre por su voluntad y decisión.

Lo más flojo es con los laboratorios, en algunas provincias solo hay producción nacional de misoprostol y no alcanza para proveer a todos los centros de salud públicos y los privados que lo compran en laboratorios están subiendo muchísimo el precio. En Argentina no está aprobada la mifepristona que, es otro tratamiento indicado para abortar, pero también ahora estamos exigiendo que se apruebe y se produzca a nivel nacional.

Hubo demandas judiciales de sectores antiderechos, aproximadamente 32 en diferentes provincias, que no prosperaron. Igual sabemos que va a tocar defender la ley, en la calle, ante cualquier ataque y esperamos que ese mensaje sea leído para que entiendan que todas vamos a estar defendiendo esta ley.

¿Cuál ha sido la clave para lograr esta aprobación desde el movimiento feminista?

Laura: Nuestras agendas, las agendas feministas. Trascendimos como las agendas de sociedades mejores que tienen mucho de lo coyuntural y de lo histórico. Es un poco eso, dejarnos atravesar por la historia, por un lado y por el otro, ser muy astutas ante la coyuntura sin importar los gobiernos.

Hace por lo menos 20 años que sostenemos la demandan y que salimos a las calles en todas las fechas simbólicas que tienen que ver no solo con el movimiento de mujeres y feministas sino también con el derecho a decidir, derechos sexuales y reproductivos.

La campaña nacional por el derecho al aborto, legal, seguro y gratuito es una herramienta de articulación de organizaciones. Es como un paraguas. Es un abrazo colectivo feminista que contiene más de 700 organizaciones, y esas 700 organizaciones pudieron confluir dentro de la campaña, identificarse, conocer quiénes éramos porque todas nos damos citas en los Encuentros nacionales de mujeres, lesbianas, travestis y personas trans y no binarias.

Desde que comenzó la democracia nosotras nos juntamos, debatimos y ahí consensuamos. Me parece que no hubiera sido posible tener toda esta potencia si nosotras no nos encontráramos como movimiento, una vez por año, y consensuáramos que el aborto es el mayor consenso que tenemos.

Ver lo histórico, seguir caminando los pasos que otras compañeras nos enseñaron; sostener la bandera sin importar los gobiernos, y a pesar de la coyuntura, incluso en el último tiempo teniendo la potencia para imponer la coyuntura, la agenda y transformarlo en una lucha para las generaciones que se vienen, que son las que van a poder gozar ese derecho y van a tener que defenderlo eventualmente.

¿Será que en otro contexto – con otro gobierno – no hubiera sido posible?

Laura: La voluntad política del gobierno actual fue fundamental, particularmente porque primero estaba la voluntad política individual del presidente Alberto Fernández, pero segundo el proceso de incorporación de algunas feminista claves dentro del Estado y la decisión de conformar el primer Ministerio de Mujeres, Géneros, Diversidad en la historia de Argentina. Nunca habíamos tenido un Ministerio de Mujeres.

Además, en el último tramo pusimos a discusión que el aborto era un tema de salud pública, justicia social y derechos humanos. De alguna manera, decir que el aborto era un tema de desigualdad en el acceso a la salud integral le dio sentido en medio de la pandemia. Nosotras interpelamos muchas veces al Estado, por ejemplo, cuando tuvimos un gobierno de derechas se debatió y se rechazó la ley. Luego esto empezó a cambiar un poco el paradigma, en esta cosa frenética que en Argentina pasamos de un lado a otro.

Empezó a hacer un poco de sentido y creo que eso fue fundamental, dentro de la pandemia nosotras pudimos hablar de la agenda porque precisamente se estaba hablando de los Estados presentes para garantizar la salud. Y de ahí los argumentos de la salud pública empezaron a hacer sentido.

Es sorprendente que la pandemia en este caso resultara en positivo cuando alrededor del mundo los derechos de las mujeres – frente a las medidas sanitarias ante el COVID – se vieron violentados.

Laura: Sí, la voluntad política y la lucha histórica, la demanda que cada vez tenía como más apoyo. Creo que nosotras pudimos de alguna manera en una región en la que sabemos que las desigualdades son estructurales, históricas que además como la distancia entre la ciudadanía y los políticos, es muy grande, nosotras fuimos un puente.

Nosotras por primera vez supimos quienes eran los nombres de quienes nos representaba y quienes estaban en el Congreso sintieron esa presión social y fue una causa que movilizó, que se entendió que interpelaban a quienes estaban en ese lugar de representación.

Fue un debate muy profundo, creo que fue el debate más importante desde la democracia a esta parte que se dio en el Congreso. Solo en 2018 hubo 700 audiencias informativas. Entre marzo y agosto se debatió durante aproximadamente 6 horas los martes y los jueves, es muchísima información.

Por primera vez escucharon los argumentos feministas en el Congreso de la nación, era una deuda de la democracia, nosotras no estábamos, se pudo armar como una bancada feminista, una bancada sorora que también fue fundamental para poder impulsar en 2018 todo lo que se hizo y que se logró una media sanción de la ley, y esa bancada feminista lo que hizo fue romper con un pacto patriarcal que tienen los varones que es la obediencia partidaria. Había diputadas de una izquierda, peronista, de la coalición de derecha que iban a votar por este proyecto y fue fundamental también para lograrlo.

Siempre hay un cuestionamiento entre el vínculo entre ser feminista y la política ¿Cómo llevan las feministas argentinas ese tema?

Laura: Es una tensión constante que se traduce en interminables discusiones, por supuesto (ríe). Creo que siempre, y ahí está como la experiencia de las compañeras históricas que pensaron esta herramienta. La herramienta de la campaña no como una articulación sino ese nexo en estas diferentes fuerzas, diferentes feministas, en diferentes espacios.

La campaña era como el nexo, como de alguna manera quienes intentábamos mediar y poner por delante el objetivo. Me parece que lo conseguimos al poner por delante el objetivo de conseguir una ley de interrupción voluntaria del embarazo y presionar en el congreso, en las calles y en las redes para que esto suceda.

Nosotras muchas veces hacíamos de mediadoras y de poner el objetivo por delante que era lo más importante. Al momento de movilizar estábamos todas, independientemente que el día anterior nos habíamos peleado, pero que parecía que se venía todo abajo, pero al otro día estábamos todas en las calles y convocando a otras.

¿El congreso, las calles y las redes fueron los escenarios primordiales para el debate?

Laura: Nos quedó como frase hecha, pero también en las escuelas. La lucha que dieron las docentes poniendo esta discusión en las aulas porque era algo que las más jóvenes lo hablaban en las clases. Eso fue emocionante, las pibas daban su propia lucha mientras nosotras estábamos en las calles. Es una lucha que se dio en las escuelas, en los lugares de trabajo. Las compañeras en los sindicatos exigían a las cúpulas que se manifestaran en favor del derecho al aborto y que les dieran los días libres para ir a las calles. Los días que había convocatoria por el derecho al aborto se paralizaba todo, nadie iba a trabajar, íbamos a las calles, eso fue emocionante.

Lo mismo en los medios, las periodistas feministas fuimos fundamentales para dar la lucha de una cobertura responsable que tenga que ver con un enfoque de derechos humanos y luego para combatir la desinformación que sabemos es la estrategia de los sectores conservadores, fundamentalistas y antiderechos.

Has mencionado que cada derecho alcanzado para las mujeres toca defenderlo: ¿Cuál es el trabajo que están realizando para sostenerlo?

Laura: Acordamos seguir en campaña, organizadas, y acordamos como algunas cuestiones que tienen que ver con seguir exigiendo la triple consigna: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir. En seguir exigiendo el estado laico; y lo que dijimos es que vamos a implementar un Monitoreo o un Observatorio social de implementación de la ley. Vamos a monitorear el cumplimiento en cada una de las provincias. La campaña es una campaña territorial tiene 42 regionales que son más regionales que las provincias de Argentina, y hay que sostenerlo. Ahí está el valor de la militancia feministas para que se cumpla esta ley. Es una propuesta feminista para una vida digna y nos toca defenderla.

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Entrevista por Maryórit Guevara para la campaña: Luchando juntas por nuestros derechos de la agrupación Feministas Cooperando de Extremadura.

 

 


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