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El Proyecto Asteria en Red parte de la necesidad actual de visibilizar y denunciar socialmente la Trata de Mujeres con fines de explotación sexual como una forma de violencia contra las mujeres que vulnera los Derechos Humanos.

La acción ofrece atención integral a las mujeres víctimas de la trata con fines de explotación sexual, se encuentren o no en situación de estancia irregular en nuestro país, garantizando la protección de sus derechos e intereses. Está subvencionado por el Ministerio de Igualdad y desarrollado por la Asociación de Mujeres Malvaluna.

La trata es una gravísima violación de los Derechos Humanos, al punto de ser considerada: la esclavitud del Siglo XXI. Constituye una de las formas más crueles de violencia machista que afecta especialmente a mujeres y niñas.

Entre 2017 y 2018, se registraron más de 14 000 víctimas dentro de la Unión Europea. A escala mundial, los traficantes obtienen unos beneficios estimados en 29 400 millones EUR en un solo año.

España es el tercer país consumidor de prostitución, tras Puerto Rico y Tailandia.

La comisaria de Asuntos de Interior, Ylva Johansson, ha declarado: «La trata de seres humanos es un delito que no debería tener cabida en nuestras sociedades. Sin embargo, los delincuentes siguen sometiendo a trata a las víctimas, principalmente mujeres y niños, sobre todo con fines de explotación sexual. Debemos proteger a las víctimas y tenemos que llevar ante la justicia a los autores que tratan a los seres humanos como si fueran una mercancía. Estudiaremos las normas en vigor para comprobar si siguen siendo adecuadas para su finalidad y examinaremos la posibilidad de tipificar como delito el uso de los servicios derivados de la explotación de las víctimas de la trata».

Las personas que caen en manos de las redes de la trata son secuestradas, privadas de libertad, sometidas a vejaciones, torturadas, explotadas, u obligadas a contraer matrimonio contra su voluntad. Se atenta contra su vida, se viola la integridad física, se les priva de su libertad, del derecho a la libre circulación, se les roba su dignidad.

Desde la óptica de los derechos humanos, obliga a los Estados a luchar contra el delito, a incluir entre su ordenamiento jurídico normas que la combatan, a contemplar a la víctima como tal y no como delincuente, o como transgresora de leyes de extranjería u otras. Están los Estados obligados a reparar el daño e indemnizar a las víctimas, a proteger sus derechos, a darles soluciones legales y apoyo personal para su recuperación.

Perfiles del putero

Los ociosos. Es el grupo más numeroso. Buscan en la prostitución una forma de ocio, de diversión, y de llenar el tiempo libre. Salen en grupo de juerga y si al final de la noche no han ligado, acuden a los locales del alterne y pagan por mantener sexo. En caso de tener poco dinero, ponen “bote” para uno o dos y el resto tendrá su turno el próximo fin de semana. Es en este grupo donde más jóvenes hay. 

Los cosificadores. Quienes pagan por tener sexo puro y duro, sin implicaciones sentimentales. Las mujeres son cosas, instrumentos a su servicio. Son quienes más mercantilizan el cuerpo de las mujeres.

Los buscadores de pareja. Varones solos, sin pareja que buscan sexo y compañía. Buscan, deliberadamente, emparejarse con una prostituta. Si lo consiguen, ellas acaban siendo víctimas de violencia de género en muchos casos.

Los arriesgados. Además de sexo, buscan el riesgo. Sexo sin preservativo y acompañado de cocaína.

Los personalizadores. Aquellos que además de sexo buscan compañía, alguien que les escuche. Como una consulta de psicología, pero con sexo.

Los agresores. Son los que recurren al sexo de pago para ejercer la violencia contra las mujeres.

Indicios de riesgo de ser víctima de trata

Carencia de documentos de identidad (en especial de pasaporte) y de inmigración (visados, permisos de residencia, etc.). También puede darse la situación de facilitar documentos falsos.

Ausencia o escasez de dinero, sin ningún tipo de control sobre él, ya que es controlado por el tratante o proxeneta.

Incapacidad de mudarse a otro sitio o dejar su trabajo.

Desconocimientos del entorno.

Aislamientos de sus familiares y miembros de su etnia o comunidad religiosa.

Incapacidad de comunicarse libremente con amigos o familiares.

Coste excesivo pagado por su viaje, normalmente pagado en forma de deuda.

Aislamiento social: limitación del contacto con personas ajenas a los tratantes, o establecimiento de medidas para vigilar todo contacto o para garantizar que éste sea sólo superficial.

Incapacidad o dificultades para comunicarse en el idioma del país en el que se encuentra, particularmente, si su estancia es ya prolongada en él.

Sufrimiento de abusos verbales o psicológicos con el fin de intimidar, degradar o atemorizarla.

 


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