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Marisa Tena HidalgoCon más de 30 años de experiencia en la atención a mujeres víctimas de violencia machista, la abogada feminista Marisa Tena Hidalgo de la Asociación de Mujeres Malvaluna, analiza los avances y obstáculos que las mujeres enfrentan a la hora de romper el ciclo de la violencia siendo una constante – en el tiempo – la lucha contra una ‘justicia patriarcal’.

En conmemoración del “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres” desde la campaña “Luchando juntas por nuestros derechos” de la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional al Desarrollo (AEXCID), implementada por la agrupación, Feministas Cooperando y liderada por la Asociación de Mujeres Malvaluna, retomamos la lucha por una vida libre de violencia y discriminación para las mujeres.

¿Estamos viviendo un efecto pos pandemia ante el registro constante de nuevos casos de violencia machista?

La pandemia ha invisibilizado  la violencia contra las mujeres y la ha invisibilizado porque ha habido circunstancias que impedían no solo  la  denuncia,  también  impedían la salida de los círculos de violencia. Los datos estadísticos nos han indicado que entre los años 2019 y 2020, durante el tiempo de pandemia confinamiento ha habido un descenso de más de un 10% en el número de denuncias, eso no significa que las mujeres hayamos salido de la violencia, ni tampoco que hayamos tenido menos violencia, sino que han existido dificultades añadidas que han hecho más difícil la posibilidad de la denuncia y la posibilidad de hacer una nueva vida libre de la violencia.

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En muchos casos la mujeres interpusieron una denuncia, pero no fue suficiente para preservar sus vidas. ¿En qué se está fallando en el acceso a justicia?  

Yo creo que en el tratamiento  de denuncia por violencia  contra las mujeres se ha avanzado con  los cuerpos y fuerzas de seguridad, en parte porque  están recibiendo formación y han tenido una implicación mayor, aunque he de advertir que también ahora observamos que en ocasiones se produce nuevamente comportamientos y actitudes que no son deseables, pero en general tenemos que valorar el avance que se ha producido. Con la justicia también se ha intentado esos avances, pero es cierto que la justicia sigue siendo un déficit para las mujeres víctimas de violencia y lo sigue siendo porque no tiene la implicación que debería tener, porque aún persisten prejuicios sexistas que hay que erradicar.

Cuando desde el feminismo decimos: “esto es una justicia patriarcal”, lo que estamos diciendo es que esta es una justicia que no cree 100% a las mujeres, que interpreta las normas desde una óptica patriarcal, que considera como objetividad la subjetividad masculina,  que sigue sin tener en cuenta al principio de igualdad como principio general del derecho,  y sobre todo creemos que hay como un desapego  entre la justicia y la víctima de violencia machista.

¿A qué se debe ese desfase tomando en cuenta que también se han empleado recursos desde el Estado para trabajar contra la violencia machista? 

Son muchos los aspectos que inciden en este tema. En el ámbito de la justicia afecta a todos los operadores jurídicos. Si quien tiene que defender a una mujer que es víctima de violencia no cree en la violencia machista; si quien tiene que atenderla en una toma de declaraciones es negacionista de la violencia machista; si nos encontramos con peritos  que  también desconfía o con una fiscalía que no la atiende adecuadamente, que ni siquiera  la escucha, o con una judicatura que considera que no es la ley adecuada, pues al final todo es una suma que va en contra de una justicia real, esa es la cuestión por la que estamos incidiendo y por eso pedimos que haya no solo formación para  jueces que están en los juzgados de violencia o que se imparten solo aspectos procesales,    sino que haya una formación sobre contenido y sobre el fondo de las causas de la violencia y sus consecuencia en la vida de las mujeres dirigida a  todos los operadores jurídicos y a quienes intervengan en los procesos judiciales y en la atención social, y tengan una actitud que no sea negativa para con las mujeres.

Hemos sido testigos de otras situaciones en las que además de las mujeres, sus hijos e hijas no han sido protegidos por parte de las autoridades y se les expone a otras violencias. 

Cuando hablamos de violencia de género hablamos mucho de los números, de las cifras, del dato frío de tantas mujeres y no tenemos muy presente que cada uno de esos números es una persona, una mujer con nombre y apellidos,  y que esa mujer tiene un acompañamiento de su familia, de sus hijos y de sus hijas, de su madre, su padre, sus amistades que todo forma un grupo de gente que está en su entorno; en algunos casos dependiendo de la  mujer como sucede con menores o mayores dependientes.  Es decir,  hay personas que se ven inmersas y expuestas a una situación permanente de violencia y que no pueden hacer nada, como es el caso de los hijos y de las hijas. Resulta terrible que desde el año 2003 hasta ahora, haya en torno a 50  niños y niñas que han sido asesinados para causar  a la madre el  mayor dolor.  Pero es que, además, las estadísticas nos dicen que en  violencia de género en el ámbito de las relaciones de parejas, en más de la mitad  de los casos, los menores hijos e hijas de esa pareja están expuestos  a la violencia de género y por tanto son también  víctimas.

Recientemente  se modificó la ley en el sentido de decir que, cuando los menores están expuestos a esa violencia, el padre no puede considerarse buen padre y qué los juzgados deben intervenir limitando los regímenes de visitas y estancias con el padre violento, ¿cuál es el problema?  que no hay intervención tan radical y tan profunda como tendría que haber, radical en el sentido ir a la raíz, y si no se interviene,  si no se utilizan adecuadamente los instrumentos jurídicos,  si se antepone el derecho de un padre maltratador a un régimen de visitas por encima del  derecho de un menor a una vida segura, a un modelo de vida igualitario  y libre de violencias, es muy difícil que esos menores puedan estar protegidos.

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Extremadura es una de las regiones donde se registran menos casos de violencia machista. ¿Qué hay detrás de estas estadísticas?

Todos los datos estadísticos dicen que Extremadura en cuanto a asesinatos de mujeres, afortunadamente, está por debajo de la media. Es una buena noticia, pero también tenemos que tener presente, que nos encontramos en una sociedad dónde somos la mayoría del ámbito rural; donde existe  un mayor control social; dónde es más difícil la búsqueda de salidas; donde nos encontramos con un medio  rural que está muy masculinizado, donde existen pocas posibilidades de empleo para las mujeres, especialmente de empleo cualificado,  esto dificulta mucho más la salida. Hay que seguir trabajando, hay que procurar que la carencia de recursos no sea ningún obstáculo para que estas mujeres vivan en una situación libre de violencia, pero el camino si antes decía que es largo y difícil si nos vamos al medio rural te tenemos que sumar un plus de dificultad.

Malvaluna ha estado trabajando durante muchos años en atención a mujeres víctimas de violencia machista ¿Ha cambiado algo en el tiempo?

Hay que destacar varias cosas, una es que las mujeres que llegan a Malvaluna son cada vez mujeres más jóvenes y eso es un dato positivo en la medida en que si antes, teníamos una media de respuesta frente a la violencia que sufrían por parte de sus parejas y exparejas entre 10 y 15 años, ahora vemos que el tiempo de respuesta se ha acortado, y eso es positivo porque el sufrimiento es mucho menor, y porque las mujeres estamos empezando a creer que de la violencia podemos salir.

Otro  dato que observamos  es que asistimos a muchas mujeres que son hijas de mujeres que también hemos atendido antes, y que han sido víctimas de violencia, y atendemos a mujeres que sufren violencia por parte de un compañero que es hijo de un maltratador y eso lo que nos viene a demostrar que no estamos equivocadas cuando decimos que hay que intervenir para evitar que los menores tengan contacto con los padres  maltratadores, porque no es bueno, ni para esos menores ni para el futuro social.

Nos preocupa  también la violencia sexual. Ha crecido mucho la atención a mujeres víctimas de  violencia sexual, la  que se está dando en jóvenes, en los entornos de ocio juvenil o de relaciones entre iguales. Los casos que atendemos  revelan que el violador no  es un desconocido, sabemos que el violador o el agresor es una persona cercana y próxima a la víctima, y lo que nos entristece es observar que esa violencia sexual que se produce en esos entorno de jóvenes, las chicas no tienen el apoyo de la mayoría del grupo, de la pandilla, que sigue habiendo un alto cuestionamiento por parte sobre todo de los chicos y eso es un tema que hay que trabajarlo para que no puedan nunca estar culpando a una víctima de haber sufrido una violencia sexuales.

Desde las organizaciones ¿En qué se debe enfocar el trabajo?

Las organizaciones tenemos que seguir haciendo el trabajo que estamos haciendo. Está demostrado que las mujeres cuando tienen un problema a quienes acuden fundamentalmente es a las asociaciones de mujeres. Es verdad que van a poner la denuncia en comisaría o en el cuartel, que cuentan con abogado de oficio, que luego llegan al juzgado y tienen asistencia, que tienen oficina, pero siempre acaban viniendo a las asociación porque es donde realmente se encuentra que bien acogidas, que se las cree,  que se las entiende que se le explica  las situaciones para que con toda la información puedan decidir, porque  ellas son dueñas de su propia vida y por tanto pueden tomar la decisión que consideran más adecuada,  porque sea la que sea siempre se le va a respetar. No podemos fallar como asociaciones, debemos seguir siendo ese núcleo de apoyo fundamental para las mujeres tanto que sean víctimas de violencia y que deciden denunciar, como para aquellas  mujeres que están pasándola y que no tienen claro todavía el paso que van a dar.

Debe existir un vínculo y colaboración estable  entre las administraciones públicas y las organizaciones feministas que estamos especializadas en la atención a mujeres víctimas de violencias machistas,  porque solo si somos capaces de estar tejiendo una red vamos a conseguir  dar pasos hacia la erradicación de las violencias machistas.

También es necesario  seguir trabajando para erradicar todas las manifestaciones de violencia, no solo de la violencia machista que se produce en la pareja, sino toda la violencia machista, la violencia  sexual, el acoso, la prostitución, la trata de personas con fines de explotación sexual, sea cual sea la violación de los derechos humanos de las mujeres  nosotras tenemos que estar, en la atención individual  y en  una acción de reivindicación porque nuestro deseo no es solo atender a las mujeres individualmente sino cambiar este mundo; cambiar este orden social, transformarlo para que seamos una sociedad de mujeres y hombres  libres e iguales con los mismos derechos, pero no solo en lo formal, sino en la práctica, en la realidad cotidiana.  

*Esta entrevista ha sido publicada en El Periódico de Extremadura.


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