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Nicaragua tiene cuatro años sumergida en una crisis de derechos humanos resultado de la política represiva de Daniel Ortega y Rosario Murillo, presidente y vicepresidenta que, en noviembre de 2021, por cuarta ocasión consecutiva se presentan como candidatos a unas elecciones generales altamente ‘cuestionadas’. 

Una realidad que las mujeres organizadas han denunciado en diferentes espacios, y por la que también han sido víctimas directas de la ola represiva que mantiene a 10 mujeres como presas políticas; ha clausurado organizaciones; expropiado oficinas y mantiene bajo hostigamiento a muchas de las que aun viven en Nicaragua, pues otras han salido para preservar su vida.

«Nicaragua es un ejemplo perfecto de la permanente crisis en que vive el mundo, en especial los países del Sur Global. La pandemia solo ha venido a dejar en evidencia todas esas carencias y desigualdades«, dice Maryórit Guevara, directora del medio digital www.lalupa.press.  A lo que una colaboradora de la revista feminista ‘Las Malcriadas‘ desde el anonimato agrega: «es una crisis que en Centroamérica se ha agudizado», y que además «tiene que ver con la variabilidad climática que nosotras como campesinas vivimos en nuestra producción de alimentos», expresa Cristian Merlo de Fundación Entre Mujeres.

Tres colectivos que resisten en la defensa de los derechos de las mujeres, y que han compartido sus experiencias como parte del proyecto “Mujeres ALIANZADAS y saberes feministas como estrategia de cambio ante las crisis globales” financiado por la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional al Desarrollo (Aexcid), y ejecutado por la Asociación de Mujeres Malvaluna.

Un territorio de conflictos

Las Malcriadas desde algún rincón de Nicaragua, sin específicar por seguridad ante la persecución contra las defensoras de derechos comentan que «las crisis» han incrementado la violencia machista. Aunque en Nicaragua nunca se decretaron medidas paliativas frente a la pandemia como el confinamiento, la situación de alarma y la ausencia de un Estado de Derecho ha elevado el silencio y la impunidad.

«No hay ninguna medida. Lo que se ha hecho es desde la sociedad civil organizada y las mujeres que hemos estado nombrando esta violencia… no hay alianza entre Estado y protección de las mujeres, y las violencias que viven las mujeres es dentro de las familias. Tampoco están acudiendo a poner denuncia porque no creen en el sistema», comenta la activista.

Una realidad que los medios de comunicación calificados como independientes han evidenciado en sus sitios web puesto que según comenta Guevara, son temas nulos en la agenda de medios oficialistas por lo que se hace necesaria plataformas informativas y de sensibilización sobre ciertas temáticas que afectan los cuerpos y las vidas de las mujeres.

«Hacer La Lupa es lo más feminista que hemos hecho en tiempos de crisis porque además ha supuesto hacer periodismo crítico con perspectiva de género en Nicaragua. Nosotras nos acuerpamos no solo como periodistas sino como mujeres comprometidas en la defensa de nuestros derechos. Y ofrecemos un espacio para que otras mujeres eleven su voz y denuncien», explica la periodistas de La Lupa.

Nuestros saberes feministas

Desde Fundación Entre Mujeres (FEM), Cristian Merlo se refiere propiamente a la pandemia y como desde las organizaciones de mujeres campesinas ha supuesto una validación de los programas en los que han estado trabajando con un enfoque feminista de empoderamiento integral.

«Hemos ratificado que esta propuesta sigue siendo valida y todavía más en estos tiempos, lo que hacemos con la semilla, los mercados locales, la producción de alimentos sanos, el rescate de la semilla criolla, el acompañamiento de las defensoras comunitarias, defensoras agroecológicas con las cooperativas, dando valor agregado a los productos, con los reservorios hemos ratificado que esta propuesta es validad en tiempos de crisis y cuando no hay crisis«, explica Merlo.

Los tres colectivos se ubican en distintos puntos de Nicaragua con enfoques y estrategias diferentes, pero con el mismo objetivo de empoderar en sus derechos a las mujeres en un contexto adverso frente a la pandemia y un Estado autoritario.

 

 


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