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Somos conscientes de la importante repercusión que el Stone&Music tiene para Mérida, y de la importancia de Mérida para la cultura en Extremadura y en España. Precisamente por ello debe cuidarse, porque todo lo que se haga en Mérida tiene eco mucho más allá de sus límites territoriales.

Cuando el Stone programa clausurar su edición con la actuación de alguien que ha reconocido haber acosado a decenas de mujeres abusando de su superioridad, está enviando un mensaje de tolerancia hacia la violencia machista, revictimizando a las mujeres que la sufrieron, colocándolas nuevamente en posición de subordinación y desvalor.

Que el machismo impregna nuestra cultura es un hecho. Que en ocasiones hemos asistido a eventos en los que se emiten mensajes discriminatorios y misóginos, también. Y en eso deben estar implicados los poderes públicos, como dice el mandato legal en remover obstáculos que impiden esa igualdad real y efectiva con la que, definitivamente podremos poner fin a estas cuestiones.

Pero esto es otra cosa. Quien ha reconocido haber acosado y abusado no puede tener el reconocimiento público, no puede ser puesto en valor como si pudiera separarse de forma absoluta la capacidad artística del comportamiento fuera de los escenarios; como si el reproche por agredir, abusar, acosar, violar o incluso matar dependiera de quién lo hace y no del hecho cometido.

El Stone&Music no debe contribuir a poner al victimario por encima de las víctimas, y como el compromiso con la igualdad va más allá de poner carpas alusivas al tema, procede ahora la cancelación de la actuación de Plácido Domingo (que por otro lado ya debe estar jubilado), pues no se trata de que unos pocos espectadores puedan cumplir su deseo de escucharlo en directo, se trata de promover un modelo cultural distinto, desvinculado de quienes han cometido y reconocido actos de violencias machistas. Se trata de no empañar la imagen de Mérida. Mérida merece mucho más.


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