Un 26 de febrero de 1991, en el Gobierno Civil de Cáceres se constituyó la Asociación de Mujeres Malvaluna. Un hecho que marcaría 30 años de activismo feminista comprometido con la igualdad de hombres y mujeres.

«Nos propusimos cambiar la vida de cada una para cambiar la vida de todas«, rememora la abogada feminista, Marisa Tena, una de las nueve firmantes de los Estatutos que rigen el trabajo de Malvaluna. Y aunque esta ha sido «la señal de identidad», confiesa que en algún momento se plantearon «si sería posible que nuestra acción feminista sirviera de algo para todas».

Y hoy dice «nunca imaginamos que en los pocos años –que estos 30 representan en la historia del feminismo– sirvieran para tanto: desde que comenzamos con la reivindicaciones de derechos sexuales y derechos reproductivos, derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, lucha contra las violencias machistas, y otras muchas reivindicaciones que se han ido materializando».

Por lo que, sin espacio a la duda, reconoce con orgullo el logro de haber «contribuido, desde Malvaluna, a llevar a cada rincón de Extremadura la voz del feminismo, a establecer lazos de complicidad con otras mujeres de cada pueblo, hasta del pueblo más pequeño de nuestra comunidad».

Activismo feminista de doble vertiente

«Poner en marcha Malvaluna suponía en aquellos momentos abordar el activismo feminista desde una doble vertiente», reconoce Catalina Galán Bandera, directora de la Delegación de Igualdad, también firmante de los Estatutos.

En aquel entonces recuerda que por un lado se mantenían las «reivindicaciones y demandas de derechos de ciudadanía, denunciando las situaciones colectivas de discriminación y desigualdad, y del otro llevando las necesidades y vivencias discriminatorias individuales de cada mujer ante los organismos». 

Y en estas tres décadas, ambas reconocen como desde Malvaluna muchas instituciones «arraigadas en el inmovilismo se hayan cuestionado hasta dónde contribuyen a la discriminación con sus formas de pensar y de interpretar las normas jurídicas y sociales«.

Los logros no caben en el currículum de Malvaluna. El trabajo ha sido constante, y aunque se remonta en el tiempo a 1991 como una fecha emblemática, desde antes sus miembras eran militantes activas del feminismo extremeño que en 2021 cumple 40 años en la demanda de los derechos de las mujeres.

Y «aunque hemos avanzado mucho el futuro no será fácil», como dice Galán porque estamos en el momento de «consolidar lo avanzado, defender lo conseguido frente a ataques constantes de un patriarcado que se hace fuerte en su coalición con el capitalismo y el neoliberalismo».

Un contexto ante el cual Malvaluna reivindica su trabajo por «la defensa de los derechos humanos de las mujeres frente a la mercantilización de nuestros cuerpos, los derechos laborales, el acceso a la riqueza y bienes, así como la denuncia de las violencias en todas sus manifestaciones que seguirán formando parte de la agenda política feminista, una agenda que debe preservar a las mujeres como sujeto político del feminismo«.