Mirada Feminista y Memoria Histórica, fue el tema del segundo Intercambio de Experiencias de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos en el que participaron defensoras de Nicaragua y Extremadura para reflexionar críticamente sobre la relación entre memoria y mujer frente a una historia que nos ha «invisibilizado y borrado».

Candela Chaves, Técnica del Proyecto para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura fue  categórica al mencionar que la historia siempre ha sido un relato hegemónico en el que «lo masculino es semejanza de lo global».

«Tenemos la necesidad de una visión mucho más inclusiva, vivíamos una fantasía heteropatriarcal necesitamos incorporar el relato la historia, la vida, la voz, la memoria, la imagen… y sobre todo poner, visibilizar y sacar de ese silencio la vida de esas mujeres de forma individual y colectiva«, dice Chaves que aplica esta mirada en sus estudios de la represión franquista.

Insiste en que la inclusión de la mujer, como sujetos activos en la historia «conforma una realidad mucho más fiel» frente a procesos «complejos» que permitirá comprender cómo «fue esa violencia sistematizada estatal, esa represión a las mujeres» en un contexto en el que la violencia franquista contra la mujer pretendía hacer una «eliminación total, radical de un modelo de mujer con una conquista de derechos sociales, económicos, laborales, políticos«.

«La mujer pudo votar durante la II República… y es lo que van a querer eliminar y no solo físicamente sino también criminalizando, demonizando y tergiversando el papel de la mujer… y la generalización de la criminalidad a cualquiera que tuviera una actitud, acción o simpatía hacia lo que se quería combatir», recapitula.

LA NARRATIVA HEGEMÓNICA

Un elemento que Emilia Yang, de ‘Ama y NO olvida’ Museo de la Memoria contra la Impunidad de Nicaragua, tratan de contrarrestar en un momento en que el país se encuentra sumido en una crisis sociopolítica en la que los gobernantes han sido señalados, por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de cometer crímenes de lesa humanidad ante el asesinato de 325 ciudadanos que ejercían su derecho a la protesta en 2018.

«El museo disputa la narrativa oficial que criminaliza a los ciudadanos que participaron en las protestas cívicas y el clima de impunidad propiciado por el gobierno de Nicaragua. En el museo se encuentran semblanzas de las víctimas de la violencia estatal, así como información y relatos de los hechos, fotos, materiales audiovisuales y documentos varios que permiten dimensionar el contexto de la protesta social», comenta la defensora de derechos humanos.

Comenta Yang que Ama y No Olvida, también dignifica la memoria y la imagen de la ciudadanía víctima de la represión policial y parapolicía que ha sido «criminalizada» por levantar la voz y protestar contra las violaciones a los derechos humanos en el marco de las protestas de 2018. El proyecto ha sido construido desde el relato de familiares y amigos de las personas víctimas de la masacre por lo que constituye un espacio que confronta el discurso hegemónico vivo en Nicaragua.

¿CÓMO SE VIVE LA HISTORIA?

En alusión a esta historia viviente de Nicaragua, Chaves remarca sobre la necesidad de conocer cómo las mujeres vivieron la represión franquista cuando fueron «asesinadas, ejecutadas, fusiladas, detenidas ilegalmente, hacinadas en prisión y campos de concentración, explotadas laboralmente, violadas, vejadas, les raparon la cabeza, el cabello su signo de feminidad por excelencia sobre todo en los años 40, y después de ser purgadas con aceite ricino van a ser expuesta en las calles para que la población supiese perfectamente quien era la vencida y el vencedor, supiese que le iba a pasar a aquellos y aquellas que tuvieran contra el régimen», menciona la investigadora.

Una violencia que comparte similitudes con la violencia contra los hombres en la represión franquista, pero con la diferencia que a las mujeres a partir de la demonización del ideal de mujer lo que hace es «imponer un modelo único de mujeres sumisa, subyugada, hiperpasiva, sin ningún tipo de voz, adoctrinada por los gentes encargados de la educación femenina, pero también, indudablemente, por la Iglesia Católica«.

Esa diferencia se extendió, según Chaves en procesos judiciales sin garantías, con altas penas y la reclusión de mujeres en prisiones lejanas del apoyo de su familia por lo que no la apoyaban tanto como ocurría cuando los hombres eran los apresados que las mujeres se movilizaban para visitarlos.

El encuentro concluyó sobre la necesidad de incluir a las mujeres, sus voces, relatos, acciones en la historia para alcanzar una verdadera búsqueda de la justicia, reparación y la garantía de no repetición, pero también su papel como agentes de paz, sus acciones de resistencia, en procesos de represión tanto de «forma activa como pasiva».

Los Intercambios de Experiencias de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos son parte del proyecto ALIANZADAS de la Agencia Extremeña de Cooperación para el Desarrollo (AEXCID) ejecutado por Malvaluna.