Estar organizadas con el propósito de «construir un modelo alternativo de vida» en resistencia a un sistema heteropatriarcal capitalista que anula sus identidades, pero sobre todo que explota los recursos humanos y naturales fue parte de lo que pudimos reflexionar y compartir durante el primer Intercambio de experiencias de mujeres defensoras de derechos humanos de Nicaragua, Paraguay y Extremadura.

Bajo el título: Ruralidad y sostenibilidad de la vida, tres mujeres campesinas, rurales, feministas y defensoras de derechos humanos nos compartieron sus luchas desde sus colectivos: Fundación Entre Mujeres, Conamuri y Colectivo CALA ubicados en distintas partes del mundo, pero que convergen en una misma acción de resistencia.

«Juntos el sistema capitalista con el patriarcal, ha venido vulnerando los derechos de las mujeres rurales y campesinas, y colocándonos como úteros reproductores; productoras de mano de obra que les vaya a servir… este sistema capitalista se beneficia de los hijes que estamos pariendo para que le sirva de mano de obra… este sistema se ha sostenido y amparado en los cuerpos de las mujeres», ripostó Cristian Guzmán, mujer campesina, feminista, cooperativista y codirectora de la Fundación Entre Mujeres.

Cristian Guzmán, Fundación Entre Mujeres

Una realidad similar a la que viven las mujeres en Paraguay, donde según Alicia Amarilla, coordinadora de Conamuri, se encuentran en una lucha frontal con las empresas que las «despojan, atropellan y desalojan» de sus tierras para instalar empresas multinacionales de monocultivos o extractivistas arrasando con la vida y sus medios de vida.

Un sistema que en voz de las participantes mata y violenta los cuerpos y las vidas de las mujeres, sus hijos, sus cosechas, sus semillas, su cultura, idiosincrasia y costumbres ancestrales, y que explota la tierra para producir riquezas en nombre del gran capital.

«Luchar por la semilla para nosotras es luchar contra el capitalismo porque realmente estamos en guerra con el sistema capitalista que nos quiere arrebatar lo que es nuestro y la semilla es el patrimonio de los pueblos, nuestra cultura, nuestra forma de vida, de hablar, nuestro idioma», declaró Amarilla.

Y ese cuestionamiento sobre cómo vivimos y generamos herramientas para hacer frente a este entorno hostil, y lograr poner la vida en el centro, es el objeto de trabajo de Colectivo CALA, que insiste en que existen diferentes modelos de vida sostenible.

«Para nosotras la sostenibilidad de la vida no puede separarse de esa visión de la interdependencia y la eco dependencia estamos más unidos que nunca y dependemos del ritmo y de la vida del propio planeta. Entendemos que no solo hay una sostenibilidad de la vida y no solo hay un modelo entonces intentamos transitar de manera activa, consciente y desde el trabajo comunitario y de lo común«, dijo Laura Palomo, educadora social y antropóloga de Colectivo CALA.

Laura Palomo, Colectivo CALA

Semillas que transforman

La visión de «colectivo» también fue de relevancia frente a la resistencia de las mujeres, para ello CALA da especial valor al reconocimiento y el respeto del otro sobre sus saberes, pero sobre todo en poder replicar esas buenas prácticas a nivel personal y organizativo.

«El respetar el buen clima, saber y recibir y hacer críticas, cuestionarnos los equilibrios de poder del equipo, tener un poco en cuenta esta variedad es lo que hace que el grupo, el equipo pueda trabajar y vivir«, explicó Palomo, que agregó que muy a pesar de todas estas prácticas el «conflicto es intrínseco a la vida» por lo que hay que estar preparados para hacerle frente.

En ese sentido, Cristian Guzmán de Nicaragua, pone de relieve la importancia de fomentar el empoderamiento ideológico y económico desde el poder expresar «quiénes somos, dónde estamos y qué hemos hecho para centrarnos en la sostenibilidad de la vida».

«Son estrategias enlazadas para poner en el centro la vida…estamos claras que solitas no lo alcanzamos. Estamos claras que hacemos acciones colectivas y que podemos hacer transformaciones y apostar por otro modelo alternativo, nuestras vidas y todo lo que hay en el ecosistema, somos como semillas criollas que apostamos a transformar la realidad en la vida de las mujeres campesinas«, replicó.

Por su parte, Alicia Amarilla de Conamuri en Paraguay, reconoció «lo difícil» que fue para la mujer campesina reconocerse feminista, pero no dudó en admitir que hoy son parte de este movimiento mundial que lucha por la vindicación de los derechos de las mujeres.

Alicia Amarilla, cordinadora de CONAMURI

«Es un desafío muy grande trabajar y asumir como campesina el tema del feminismo y eso nos llevó a un debate en el que reconocemos que todas las luchas feministas, de diferentes líneas, es un aporte valioso porque sabemos que con el feminismo cambiamos el mundo. Hemos torcido la mano del capitalismos mediante el feminismo, y eso para nosotras nos dice que hay capacidad de articularse con diferentes organizaciones porque el feminismo es un movimiento político», puntualizó.

Durante cuatro miércoles (21 y 28 de octubre – 4 y 11 de noviembre) desde ALIANZADAS el proyecto de Malvaluna que fomenta la ciudadanía global se realizarán Intercambios de experiencias de mujeres defensoras de derechos humanos en Nicaragua, Paraguay y España.

Este proyecto es financiado por la Agencia de Cooperación Extremeña para el Desarrollo (AEXCID).

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